
Un niño que se niega a comer desde hace dos días, una fiebre que sube bruscamente y pequeñas vesículas blancas en la parte posterior de la garganta: a menudo se piensa en una angina clásica, pero el cuadro apunta hacia una angina herpética. Esta infección de la faringe y las amígdalas, provocada por el virus herpes simplex (VHS), se distingue de las anginas bacterianas por sus lesiones características y por la total falta de eficacia de los antibióticos.
Angina herpética y test de estreptococo: por qué el TDR no sirve de nada aquí
En consulta, el reflejo ante un dolor de garganta con fiebre sigue siendo la prueba de diagnóstico rápido (TDR) para buscar el estreptococo del grupo A. En el terreno, este gesto se vuelve contraproducente cuando los signos orientan claramente hacia un origen viral.
Las recomendaciones actualizadas en 2024 insisten en este punto: un cuadro con vesículas bucales y ulceraciones excluye de inmediato el circuito TDR-antibióticos. La presencia de tos, rinorrea o lesiones ulceradas en la boca señala un virus, no una bacteria. Probar de todos modos expone a un falso positivo (portación asintomática de estreptococo) que desencadena una antibioterapia sin fundamento.
En la práctica, cuando se observan vesículas agrupadas en las amígdalas o el paladar blando, acompañadas de una fiebre brusca, es mejor orientar directamente hacia un manejo sintomático. Para entender mejor el tratamiento de la angina herpética, primero hay que aceptar que el virus herpes simplex sigue su propio calendario de curación.

Virus herpes simplex y amígdalas: el mecanismo de la infección
La angina herpética resulta de una infección por el virus herpes simplex, más comúnmente del tipo 1 (VHS-1). El virus penetra por contacto directo con la saliva o las secreciones de una persona infectada, incluso fuera de un brote visible. La primo-infección herpética afecta principalmente a niños entre 1 y 5 años, periodo en el que el sistema inmunitario se encuentra con el virus por primera vez.
Una vez instalado, el VHS infecta las células epiteliales de la faringe y las amígdalas. Se observa entonces una reacción inflamatoria intensa: la garganta se vuelve muy roja, aparecen vesículas llenas de líquido claro, que luego se rompen para formar pequeñas ulceraciones dolorosas. Estas lesiones se parecen a aftas, pero su distribución en las amígdalas y el paladar las distingue.
No confundir angina herpética y herpangina
La confusión es frecuente, incluso entre algunos profesionales. La herpangina es provocada por enterovirus (coxsackievirus), no por el virus herpes. Sus vesículas se concentran más bien en el paladar posterior y los pilares amigdalinos. La angina herpética afecta las amígdalas mismas con ulceraciones más extensas. La distinción no es anecdótica: condiciona el seguimiento y las precauciones ante las recaídas.
El VHS, a diferencia de los enterovirus de la herpangina, persiste en los ganglios nerviosos después de la primo-infección. Las reactivaciones son posibles, desencadenadas por la fatiga, el estrés o una disminución de la inmunidad.
Síntomas de la angina herpética: reconocer las señales de alerta
El inicio es a menudo brusco. El niño (o el adulto, más raramente) presenta fiebre alta, un dolor de garganta intenso y una marcada dificultad para tragar. A veces se nota una irritabilidad inusual en los más pequeños que no pueden verbalizar el dolor.
Los signos a detectar en la boca:
- Vesículas blancas o amarillentas en las amígdalas, el paladar blando y a veces la lengua, que se rompen en pocas horas dejando ulceraciones superficiales
- Enrojecimiento difuso de la faringe, más marcado que en una angina viral común
- Ganglios cervicales hinchados y sensibles al tacto, signo de la respuesta inmunitaria local
- Salivación excesiva en el niño pequeño, relacionada con el dolor al tragar
La fiebre puede durar de tres a cinco días, mientras que las ulceraciones generalmente tardan una semana en cicatrizar completamente. Se vigila especialmente la deshidratación en los niños que se niegan a beber debido al dolor.

Tratamiento sintomático de la angina herpética: lo que realmente funciona
Dado que ningún antibiótico actúa sobre un virus, el manejo se basa en el alivio de los síntomas. El médico generalmente prescribe un analgésico adecuado a la edad (paracetamol como primera intención) para controlar la fiebre y el dolor.
Manejo del dolor y alimentación
El dolor al tragar representa el principal problema en el día a día. Se priorizan alimentos fríos o tibios, de textura blanda: compotas, yogures, sopas frías. Los alimentos ácidos, picantes o crujientes agravan las ulceraciones y prolongan la incomodidad.
Para mantener la hidratación, se ofrecen pequeñas cantidades de agua fresca a intervalos regulares en lugar de grandes ingestas espaciadas. Las opiniones varían sobre la utilidad de los enjuagues bucales antisépticos en los niños: su tolerancia depende de la edad y de la cooperación del paciente.
Antivirales: en qué casos el médico los considera
Los antivirales tipo aciclovir no son sistemáticos en la angina herpética simple. Su prescripción se justifica más en pacientes inmunodeprimidos, en casos de formas severas o de recaídas frecuentes. Para la mayoría de los casos, la curación espontánea ocurre en menos de diez días sin tratamiento antiviral.
La consulta médica sigue siendo necesaria para descartar una sobreinfección bacteriana secundaria. Es imprescindible si la fiebre persiste más allá de cinco días o si el niño muestra signos de deshidratación.
Contagio y prevención: limitar la transmisión del virus herpes
La angina herpética es contagiosa desde la aparición de los primeros síntomas y mientras las vesículas estén activas. La transmisión se realiza por contacto directo con la saliva, las secreciones nasales o las lesiones. En los niños pequeños en colectividad, compartir cubiertos o juguetes llevados a la boca constituye el principal vector.
Las medidas concretas para limitar la propagación:
- Lavarse las manos después de cada contacto con el niño enfermo, especialmente después de sonarse la nariz o realizar cuidados bucales
- Asignar cubiertos y un vaso individuales durante toda la duración de los síntomas
- Evitar los besos en la boca y compartir comida mientras las ulceraciones no estén cicatrizadas
El virus herpes persiste en el organismo después de la curación. La primo-infección confiere cierta inmunidad, pero las reactivaciones siguen siendo posibles a lo largo de la vida, generalmente en formas menos severas que el episodio inicial. Vigilar los factores desencadenantes (estrés, fatiga, exposición solar intensa) ayuda a anticipar estas recaídas.